Así como antes hizo lo propio en los atuendos de las óperas La flauta mágica y El Turco en Italia, una vez más Renata Schussheim despunta con el diseño de vestuario de La Traviata, en el gran escenario del Teatro Colón.
La ultra interpretada historia de amor entre Violeta Valéry y Alfredo Germont, y las consecuentes vicisitudes que atraviesan ante la oposición del padre de él y la enfermedad que padece ella, es una pieza que data de 1853, cuyo libreto corresponde a Francesco Maria Piave, basado en la novela La Dame aux camélias de Alejandro Dumas (hijo). En esta ocasión cuenta con Emilio Sagi en la dirección de escena y la alternancia de Renato Palumbo y Beatrice Venezi al mando de la música.
Inspirada en la estética de finales de los años 50 más que en los 60, reconoce Schussheim que para esta puesta revisitó referencias de popes de la historia de la moda como Pierre Balmain y sobre todo Balenciaga. «Él de antes y no el de ahora», manifiesta en referencia a Cristóbal Balenciaga, el arquitecto de la moda que le cambió la forma de vestir a las mujeres a mediados del siglo XX.
Esto se hace evidente en el volumen de las faldas y en los cortes geométricos de la vestimenta, eso sumado a los tocados que también son protagonistas indiscutidos en esta versión de La Traviata.
Por pedido de Sagi, son tres los colores que prevalecen durante todo el desarrollo. En la primera parte, el binomio en blanco y negro le aporta elegancia en cada movimiento de escena, mientras que los tonos rojos, rosados y coral, todos cálidos, reconfiguran completamente el segundo tramo de la pieza, para aportar dramatismo en consonancia con el devenir del romance entre Violeta y Alfredo.
Alrededor de 140 trajes de vestuario fueron realizados íntegramente desde cero, tanto para los intérpretes principales, como para el coro y los figurantes. Al mismo tiempo, Violeta, la gran protagonista, tiene cuatro cambios y el personaje de Flora Bervoix, dos.
«Hay trabajo artesanal, como era antes», señala Schussheim. «Algo muy añorado», agrega. A su vez, la diseñadora explica que esta labor la realizó en parte a la distancia y que no hubiese sido posible sin sus asistentes Martina Nosetto y Mariana Seropian. «Fue una maratón increíble, por eso quiero agradecer a los talleres del Teatro Colón», concluye.


















