Hacia una industria sostenible

Qué aportan, tanto las marcas como los consumidores, en la transformación de los procesos de fabricación de textiles, denim incluido

La industria de la moda -considerada la segunda más contaminante del mundo- se está tomando en serio la imperiosa necesidad de generar avances hacia la sostenibilidad. Y estos movimientos alcanzan una gran visibilidad en la producción de denim, que es una de las que mayores recursos insume. Cómo se generan las fibras; qué tecnologías se utilizan en la fabricación del textil y la ropa; cuáles son las condiciones laborales de los trabajadores y cómo es el rol del consumidor, son algunas de las instancias principales que se están revisando.

Las mejoras que se exploran apuntan a disminuir el excesivo uso de agua, el gasto desmedido de energía y la utilización de pesticidas y sustancias químicas. Para que un pantalón de jean pueda ser considerado sostenible debe basarse en «la trazabilidad responsable de cada uno de los procesos de su producción: desde la cosecha del algodón hasta su confección, como así también en una clara comunicación y puesta a la venta de ese producto para ser captado por un consumidor asimismo responsable», dice Julieta Puhl, diseñadora de indumentaria y consultora en gestión de diseño y análisis de tendencias.

Cerrar el círculo

El objetivo de propiciar una moda circular implica que se dé una transformación en los modos de producción y de consumo. Algunas marcas están trabajando en ese sentido, ya sea en el reciclado de las fibras o en las maneras de fabricar el textil y las prendas.

Un caso es el de la española Jeanologia que desde 1994 desarrolla tecnologías disruptivas (basadas en láser, por ejemplo) para reducir el gasto de agua, de energía y uso de químicos que pueden dañar al trabajador y al ecosistema. Autodefinida como la fusión de fashionistas y tecnócratas, para el 2020 se puso como reto reducir esos consumos en un 50%.

En Argentina, aún con desarrollos incipientes, un caso a tener en cuenta es el de Alpargatas, a pesar de que su situación económica difiere de sus inicios y hoy su planta de Bella Vista, Corrientes, está en conflicto. No obstante, desde el 2014 implementó mejoras en para realizar procesos sostenibles. El agua de la planta de efluentes es reutilizada para el riego de los eucaliptus sembrados en el lugar. Y, a su vez, la madera de estos árboles es usada para la producción de chips en reemplazo del fuel oil para la alimentar la caldera. Ahora queda darle un nuevo uso al dióxido de carbono que se genera en la combustión y es eliminado a la atmósfera. Además, reutiliza desperdicios obtenidos de la planta textil para hacer trapos de piso.

La marca sueca Nudie Jeans hace productos con denim «seco», ya que no solo no usan agua para producirlos sino que además dan pautas para lavarlos poco. Trabajan con algodón orgánico, bambú y cáñamo. Ofrecen reparación gratuita, reciclaje de productos gastados y auditan a sus proveedores y a los puestos por los que pasa la producción en todos los países en los que están, considerando el cultivo de la fibra, el desarrollo del textil, incluso la producción de hilos, botones y etiquetas.

Alternativas

En este escenario el rol del consumidor es clave: «El jean no es para usar y tirar, no es una prenda de moda o temporada -comenta Alejandro Ogando, diseñador de indumentaria y consultor-. En toda esta problemática en gran parte es responsable el usuario y sus compras desmedidas y de mala calidad».

Otra opción expandida es la del uso de jeans vintage para evitar la generación de ropa nueva y todo lo que eso implica.

También existe la alternativa del upcycling (a partir de una prenda existente generar otra diferente) como lo realiza la marca norteamericana Re/Done que desarrolla jeans a partir de pantalones Levi’s. Se basa en el rescate de los clásicos 501 y 505 para hacer otros nuevos. Lo interesante además, es que son únicos no hay pantalones iguales porque de cada reutilización sale un nuevo tipo.

A esta tendencia sostenible adhieren las modelos influencers Kaia Gerber y Bella Hadid. «Los objetos de mayor atracción e interés para consumidores de redes sociales, como lo son actualmente los millennials o genZ, están basados en productos concebidos de manera más responsable -explica Puhl- pero eso solo no basta, además deben tener un buen diseño; una historia honesta y comprobable detrás; buena calidad y un precio lógico».

Para hacer una prenda en denim se usan:

  • 2000 litros de agua
    13 kg de emisiones de dióxido de carbono
    ½ kg de sustancias químicas
    10 kg de colorantes y químicos

Durante el ciclo de vida se utilizan:

  • 1500 litros de agua para lavarla
  • 19 kg de dióxido de carbono durante su lavado, secado y plancha.

Fuente: Conciencia Denim 2020 Workshop- INTI

FuenteLa Nación
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María Eugenia Maurello es graduada de la carrera de Ciencias de la Comunicación Social y del posgrado de especialización en Sociología del Diseño, ambos por la Universidad de Buenos Aires. Ejerce el periodismo desde hace más de 15 años. Trabajó en los tres soportes (radio, gráfica y televisión) y también en medios digitales. Actualmente, escribe en el suplemento Moda y Belleza del diario La Nación, Revista VIVA y en los portales La Agenda BA y RedAcción. Produce y conduce el podcast “La Moda Dice” que se emite por Wetoker y por tercer año consecutivo dicta el taller de “Periodismo y Moda” en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA.

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