1816 y el poncho Pehuenche de San Martin

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El mismo año de la Independencia, el Libertador habría sido honrado con semejante obra de arte indígena. 204 años después, está expuesto en el Museo Histórico Nacional. El análisis de expertos.

“Es de fibra de camélido de hilado artesanal, de colores naturales del animal y logrados con tintes. Tiene franjas y motivos ubicados en el centro y los laterales distribuidos en simetría. Es una pieza de un solo paño, con tejido extremadamente fino de urdimbres -es decir que a la vista quedan las hebras verticales en el telar-. Tiene 72 urdimbres cada 2 centímetros en la parte llana y 100 urdimbres cada 2 centímetros en las guardas laboreadas, y terminación de flecos azules y blancos” describe minuciosamente Roxana Amarilla, en base a su observación del poncho y al fichaje de Graciela Suárez. Se presume que fue obsequiado al Libertador por los Pehuenche.

Destaca, además, que durante el s. XIX el movimiento independientista, en tanto nuevo actor político, se relacionó con los Pehuenche para el tránsito y la proveeduría de las tropas. Así, fue que en 1816, en la preparación del cruce de los Andes, José de San Martín solicitó el permiso de paso por la Cordillera en un parlamento en el “Fuerte San Carlos”, con la presencia del gobernador Necuñan y otros líderes, según la correspondencia de San Martín a Juan Martín Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. “El parlamento contó con ceremonias, como la entrada de los caciques y los hombres de guerra, y culminó con una celebración que duró tres días. Al cuarto día, alrededor de cuarenta caciques presentaron a su nuevo aliado los ponchos tejidos por sus mujeres”, menciona Amarilla de acuerdo a la reconstrucción de los hechos que hizo el propio Libertador a pedido del General Guillermo Miller en 1827.

Contexto

El poncho estuvo en poder de San Martín hasta su muerte, en 1850. Luego, en 1886, su nieta lo donó al Estado. Eso fue, durante la presidencia de Miguel Juárez Celman, al tiempo en que se entregaron las tierras logradas con las campañas militares contra los pueblos Mapuche, Pampa, Ranquel, Pehuenche y Tehuelche, para ser exhibido durante cuatro años como «reliquia» y en 1890, en la presidencia de Carlos Pellegrini, pasó a formar parte de la colección del Museo Histórico Nacional.

Y si bien en términos tanto de la iconografía como de la técnica, se trata de un poncho coherente con otros textiles mapuche del s. XIX y del s. XX, es esencial leer esta pieza en el contexto histórico en el que ingresó al patrimonio del Estado argentino. “Sucede cuando culmina la campaña de exterminio de los pueblos indígenas del sur y es contemporánea a la distribución y ocupación de esas tierras», reflexiona Amarilla, y retoma la construcción de la identidad nacional que -según Laura Malosetti Costa en la descripción iconográfica de «La vuelta del malón» incluía una imagen de época del bárbaro, oscuro, bestial y cruel indio. «Imaginario que entra en discusión ante una pieza excepcional de la tejeduría de los Andes del Sur, una manta de luz”, sintetiza la autora.

Sabios detalles*

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  • “La iconografía del poncho se despliega como realidades idénticas de sentidos opuestos. Se presenta en franjas alternadas de las técnicas ñimin -dibujos tejidos, la palabra significa recoger o rebuscar- y wirim -listas o franjas de color, la palabra significa sendero que sigue la topografía de la naturaleza-”.
  • “Las franjas son de colores negro, verde y azul, y aluden tanto a la figura de la jefatura como a lo sagrado. Los wirim se distribuyen del centro a la periferia horizontalmente cruzando el campo y los ñimin verticalmente”.
  • “El punto de fuga es lateral. Se pueden leer los motivos que surgen de operaciones de transformación formal de la expresión básica lukutuel -símbolo antropomorfo del arrodillado-”.
  • “Los motivos son la flor rayen, el enlace oblicuo wisiwel -que se bifurca hacia arriba y allí deriva en el collar en la boca del poncho-, la cabeza o poder en la figura de rewe lonko, la enredadera kopiu o copihue -Lapageria rosea- y el motivo polisémico welu wietrau -dos manos que se estrechan fuertemente, la constelación de Orion, el dominio vegetal, los opuestos en tensión, la enredadera de uso medicinal-”.

*Pedro Mege Rosso en “Los símbolos envolventes: una etnoestética de las mantas
mapuche” (1989) y “Colores aquí. Simbología mapuche del color” (2004).

PH: Museo Histórico Nacional.

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María Eugenia Maurello es graduada de la carrera de Ciencias de la Comunicación Social y del posgrado de especialización en Sociología del Diseño, ambos por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Ejerce el periodismo desde hace más de 16 años. Trabajó en los tres soportes (radio, gráfica y televisión) y también en medios digitales. Actualmente, escribe en el suplemento Moda y Belleza del diario La Nación, Revista VIVA, Revista Ñ. Produce y conduce el podcast “La Moda Dice” que se emite por Wetoker y por tercer año consecutivo dicta el taller de “Periodismo y Moda” en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA. Investiga sobre moda argentina para su próximo libro.

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