Elocuencia argentina: Moschino presentó su nueva colección en Milán

«Y digame, ¿tiene algun chimentito sobre que nos trae la moda para la temporada?», le pregunta Susanita a Mafalda mientras juegan a hacerse las señoras con disfraz y todo. «Parece que se sigue llevando la injusticia, claro que con algunas bestialidades al bies, muy monas, eso sí», retruca Mafalda. 

Esa viñeta del genial Quino,  nunca más apropiada para revisitar el desfile de Moschino en Milano Fashion Week, comandado por el argentino Adrián Appiolaza.

Es que justamente, nuestra niña de historieta favorita, fue una de las grandes protagonistas en la pasarela del viernes 26 de febrero por la tarde. Y lo inmediato es preguntarse: ¿qué hubiese dicho Mafalda al verse ahi plasmada en una remera oversize blanca, con el globito de diálogo con su ya clasico «¡Basta!» por encima de su cabeza? Y ¿a quién se lo está diciendo? 

Ese fue uno de los tantos guiños argentos que tuvo esta colección y si bien su director creativo venía haciendo lo propio hace tiempo, con algunas alusiones más sutiles ahora las volvió elocuentes, como para que no queden dudas, que él viene de esta tierra. Y que acaso la argentinidad está de moda para las pasarelas y la cultura de la calle. Claro que Diego Armando Maradona contribuyó con lo suyo, el papa Francisco también dio una mano y la messimanía no se quedó atrás. Ni hablar en la previa al próximo mundial de fútbol, donde sin dudas Argentina será protagonista. 

De hecho la experta en tendencias Gaba Najmanovich viene alertando sobre la aparición cada vez más frecuente de la «argentinidad», en temáticas y camisetas, expresiones y símbolos, que lamentablemente nos unen más en lo declarativo que en lo cotidiano. 

A su vez, estos conjuntos conmueven sobre todo si se piensa que en la capital de la moda italiana se está gritando fuerte por Argentina, mientras que, a este lado del mundo, el mismísimo ministro de Economía recientemente hizo lo contrario, y reconoció que prefería la ropa de origen extranjero. En este contexto y sin ser intencional, parece que Appiolaza le respondiera que se queda con lo nuestro. 

Pero volviendo a Moschino, si hubo Mafalda, claro que también estuvo Eva Perón, referenciada, en un gesto posmoderno pixelada. Y al mismo tiempo, más como un ícono pop que como referencia partidaria.

En el tono típico de la mirada sobre el consumo masivo que desde el vamos caracteriza a la firma. Por eso la Eva está pero no está, o está difusa a la estampa original. Y ahí la cuestión es ¿por qué se la pixela? ¿Por qué no se la muestra o se la muestra a través del tiempo con los bemoles de las pantallas? Bienvenida la parodia que también guía el trabajo de Moschino desde los comienzos. 

Pero hay algo más: la Eva difuminada fue estandarte de la prenda que desfiló Rosa Trosman, la hija de la reconocida diseñadora y artista Jessica Trosman, autora imprescindible de la escena de la moda de los 2000. Otro guiño argento y específico a la historia de la indumentaria nacional. Vale decir que si bien Rosa debutó en las grandes ligas, ya venía haciendo campañas para las marcas locales Complot y Ay Not Dead, en las últimas temporadas. 

Juliana Gattas, indiscutida madre del pop, como una auténtica Moschino doll, y la estrella centenniall Emilia Mernes estuvieron presentes como parte de un seleccionado albiceleste que se completó con otros argentinos y argentinas: el dj y diseñador Marcelo Burlon, la estilista Pamela Martinelli y la líder empresarial Patricia Pomies.

Hubo referencias ecuestres, en las estampas (caballitos, por ejemplo) y gauchescas con unas bombachas hiperbolizadas en variedad de tonos y texturas. Que volvieron al gaucho -y las paisanas- dandies o amazonas, respectivamente, de esta era. Algo que también puede leerse como parodia -amable- de las colecciones que ya lo hicieron antes, incluso a mediados del siglo XX, por caso los gaucho look de Horace Lannes y Paco Jamandreu, entre otros.

Asimismo el motivo del filete (técnica de pintura porteña por antonomasia), aunque el propio Appiolaza lo llamó «rococó», también fue exhibido en varios prints dispersos, como un viaje imaginario urbano al colectivo de los que crecieron en la década de los 80 y antes, del mundo globalizado, que relee el diseñador.

Es que si por un lado muestra la referencia al paquete de churros con dulce de leche o al teléfono de Entel gris, en modo bolsito de mano, y la escarapela expansiva en el cuello de una blusa, por otro reconfigura a los globalizados y hace estallar los sentidos que provocan las elegidas.

¿O alguien a esta altura puede negar que Mafalda (traducida a más de treinta idiomas) y Evita (con una ópera rock y una película protagonizada por nada menos que Madonna) son dos de las argentinas más aclamadas?.

 

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